Project Description

Fotografía de Karen Schwend

Carta 12

Me separé hace prácticamente 10 años. Durante todo este tiempo me dediqué al cuidado y bienestar emocional de mis hijas y mi trabajo. Nunca me permití ni me di tiempo para el Amor o rehacer mi vida en ese plano.
En mayo del año pasado (2015) comencé con los trámites de mi divorcio. Proceso muy difícil, ya que mi ex quería que yo renunciara a mis derechos, incluso el techo que legalmente el 50% era mío. Nunca hubo buenas intenciones detrás de él, ni tampoco actuó de manera limpia en este proceso. Mis abogados comenzaron con los procesos de papeles y demandas de pensión de alimentos.
En Sept del 2015 recibo una llamada de parte de mis abogados diciéndome/preguntándome si yo sabía de un papel/documento que mis hijos habían firmado a mis espaldas con el Padre.
Mi desilusión fue enorme. No podía creer que, quienes yo había cuidado con Amor y devoción hubiesen hecho algo así a mis espaldas, coludidas o no, manipuladas por su Padre, o como haya sido, ellas debieron consultarme algo así o al menos informármelo. Fue un momento muy triste en mi Vida.
Me desmoroné. Sentí tristeza, desazón; no comprendía si me había equivocado en algo con ellas y en todo el Amor que les brindé desde pequeñas, ni por qué ellas no tiraban para el lado de su madre, por lo menos en el sentido de género nada.
Me di cuenta en este proceso, que yo no me había preocupado de mi misma, ni me había dado un valor como para rehacer mi vida, privándome de ser feliz en el ámbito de pareja. Cuidándome de no traer un hombre a la casa, o tener una relación que les afectara.
¡En ese momento dije No Más!
Si yo no me otorgaba un valor, a mis 50 años si lo haría. Era el momento en el que decidí comenzar a pensar en mí. Comprendí que mis hijas habían crecido, tomado en sus manos sus propias decisiones, y que nunca mas habían pensado en mí, ni en lo que me perjudicarían. Solo pensaron en ellas. Y así también lo harán cuando emprendan el vuelo y decidan volar y hacer sus propias vidas.
Ese fue mi momento, dueña de mí misma, centrada en mí, he comenzado a salir y conocer gente, talvez encuentre un compañero, tal vez no, pero no me privaré nunca más de nada, ni de experiencias que la vida me tiene preparadas, ni alegrías ni amores ni nada.
La Ley de la vida es que los hijos se irán y mirarán por ellos mismos sus propias historias y vidas.
Yo tengo que ver por la mía. Ese fue mi momento de lucidez y comprender que es importante escribir nosotras mismas la propia cada día y cada mañana al despertar. Mirar por una y nuestra propia felicidad , no por debajo de la de los demás.
Mi relación con mis hijas hoy no es mala, aun estamos a la espera de la partición que definirá el divorcio. Estoy muy confiada en que todo será favorable. Y aun suceda lo que suceda al final de todo, mis hijas comprenderán que en la vida los afectos hay que cuidarlos y comprenderán lo que sentí cuando ellas tengan sus propios hijos.
Siempre estaré para mis hijas. Pero ahora y desde entonces de una manera diferente, donde yo estaré para mi misma, mientras vivo mi propia historia.
Alguien dijo: “Los hijos son prestados, no pretendas vivir sus vidas por ellos. Tu tienes la tuya propia.”
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