Project Description

Fotografía de Ana María Sáenz

Carta 28

La Vulnerable a los Aromas

Creen que les contaré algo terrible? Pues no, en realidad a mis “nunca más” no les he permitido llegar al nivel que me perturben. Los detengo y los masacro antes de que logren crecer y les salgan ojos y voluntad propia, así como ocurre con los pajaritos del yogurt que multiplican su hambre de cuidados día a día.

Aprendí también que siempre se pueden añadir más cargas a las habituales sobre la espalda, porque todas juntas, una encima de la otra, pesan más o menos lo mismo.

No les hablaré de como decidí eliminar a mi ex marido, el infeliz ése, porque el cerebro mío lo borró para no retrasar mi vida recordando cosas inertes.

Hoy hay leche caliente y pan fresco en mi alma, y… varias grietas de frivolidades, como ese ritual mío de caminar a mi refrigerador, tirar la manilla para abrirlo y tomar alguno de los tantísimos frascos fríos de perfumes que conservo a baja temperatura ahí dentro. Aprieto el aspersor, sonrío y rocío mi cuello, camino luego olorosa y feliz hacia la puerta lista para salir al mundo con un olor definitivo. A veces pienso en Pablo Neruda, en cómo se fundía el cielo y el mar en su oda al caldillo de congrio, yo imagino que me pasa algo parecido cuando junto esas aguas francesas con esta piel sudamericana.

Tengo frascos verdes, botellas rosadas, españoles y muchos franceses por supuesto, de cristales maravillosos, rococós y minimalistas, azules luminosos y hasta tengo la mezcla que mandaba a preparar María Antonieta de bergamota y cedro! Cuando la uso es mi día de Versalles y mando a poner servilletas de tela en la mesa a la hora del almuerzo.

Sándalos intensos, maderas, la calidez del tabaco y el chocolate están en mi vida. Un día me di cuenta que ya no tenía espacio en esas repisas de la puerta ni para guardar la mantequilla y ahí estaba yo desayunada y vestida, parada al frente del refrigerador abierto, iluminada con la luz de ampolleta también fría, repasé todos los frascos y cajitas con flores y listones dorados y negros apretados ahí dentro, demasiados perfumes, muchos aún con el celofán sellado, con el sello intacto.
Ni recordaba hacía cuánto los había comprado… en un aeropuerto? -claro que sí – En un Duty Free? obviamente.
Sí, siempre me embarcaba antes de lo necesario para no apresurarme y poder elegir más perfumes en cada viaje. Un nuevo olor y una nueva aspiración de placer. Ese frasco nuevo entonces se convertía en mi nueva posesión para ponerlo junto a los demás. Entiéndanme bien, yo apreciaba a todas mis botellas por igual, hasta que lo ví y ME VI!! Yo era una maldita adicta a los perfumes y eran tantos que no iba a poder usarlos todos en esta vida!
De pronto los frascos bonitos se vieron amenazantes porque ya habían tomado el control y en ese momento ocurrió mi “Nunca Más”. Hoy esta mujer aún tiene perfumes, pero la mayoría los ha compartido generosamente entre todas las mujeres de la familia en un acto de sanación.
No ha dejado de disfrutarlos, no se trata de eso, pero sí he dejado de comprarlos.

P.S. : Adoro el PRADA!

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