Project Description

Fotografía de Julia Lafée

Carta 31

Hace trece años perdí a mi mamá. Fue por una enfermedad larga y dolorosa, triste. Después de un año luchando contra el cáncer, un día se fue y en ese momento pensé que la vida se me iba. Tenía 17 años, tres hermanos pequeños y un padre que hasta el día de hoy es un niño. Me tuve que hacer cargo y dejar mi dolor de lado. Había que ser fuerte y ese fue mi lugar.Nunca, hasta el día de hoy, me he quejado por eso, al contrario, estoy orgullosa. Fui capaz y formé mujeres y un hombre de carácter, capaces de enfrentar la vida, de seguir sueños y, por sobre todo, capaces de buscar la felicidad. Con el tiempo lloré, sufrí y sentí la pérdida de mi madre. Nunca fue fácil. No lo es hasta el día de hoy. La extraño. Me hace falta. Dejé de confiar en dios y me pregunté mil veces por qué a mí, por qué a mi familia, si juntos éramos fuertes, felices.
Al paso del tiempo y producto de una relación que había nacido desde la amistad, quedé embarazada y cuando mi hija nació, lo entendí todo. La vida me había devuelto la esperanza. Cuando sentí a mi hija la primera vez, entendí que dios no me había dejado y que mi mamá estaba conmigo desde y para siempre. Un lazo así, como el de madre e hija, no se rompe con nada.
Con esta nueva integrante la casa se llenó de luz. Volví a ver sonreír a mi papá, a mis hermanos y entendí en ese momento que siempre hay un para qué y yo supe que todo eso me hizo más fuerte, me convirtió en madre desde mucho antes y ahora estaba preparada. Ahí se produjo el real cambio en mi vida. No fue antes, no fue sólo cuando mi mamá murió. Fue en el instante que sentí que volvía a vivir. Mi hija llego a rescatarme.
En ese momento de la vida, miré hacia atrás y pensé: ¡NUNCA MÁS quiero sentir un dolor así! Un dolor tan grande como la pérdida de mi madre. Nunca más quiero sentirme vulnerable y débil, nunca más quiero estar triste. Y decidí que todo en adelante dependía de mí. Tenía miedo, pero estaba decidida.
Una noche, soñé que mi mama me decía que todo estaría bien y ese fue mi mejor aliento. No necesitaba más. Todo había comenzado, y así tal cual fue, los años pasaron y yo fui cumpliendo mis metas, incluso las que no tenía. Fui feliz, muy feliz. Amé. Me sentí amada. Busqué respeto y lo tuve. Estudié, terminé, formé un hogar. Mis hermanos estudiaron y hoy son profesionales. Formaron su vida y cada uno de sus actos me llena el corazón, porque independiente de todo lo que han logrado y que es mucho, son personas nobles, amables, perseverantes. En fin, la vida me sonreía y creí haber cumplido mi propósito: “NUNCA MÁS SUFRIR”. Pero eso terminó hace unos días y la vida me pone nuevamente una prueba, distinta a la anterior pero igual de dolorosa. Después de 13 años de relación, 7 de matrimonio y una vida en conjunto llena de sueños, el amor se terminó y ese sueño que un día fue de los dos, hoy se separa y divide sus vidas.
Hoy de nuevo tengo ese miedo intenso, no sólo por mí sino por mi hija, porque hoy, igual que antes, tengo que preocuparme de ella y perdurar en mi lucha por su felicidad.
Sé que vienen tiempos difíciles. Los primeros días han sido duros, pero no puedo decaer bajar los brazos y ponerme a llorar. Nuevamente hay que ser fuerte y seguir. No sé si esta vez podré determinar NUNCA MÁS SUFRIR, porque ahora descubrí que eso es casi imposible.Creo que esta vez mi consigna será: NUNCA MÁS POSTERGARME, NUNCA MÁS CREER QUE PUEDO MANEJARLO TODO, NUNCA MÁS ESPERAR, NUNCA MÁS PLANIFICAR DEMASIADO, NUNCA MÁS DEJAR DE VIVIR.
Hoy, con 31 años, una hija y la vida entera me libero de todo y me abro a recibir lo que la vida quiera darme, a sorprenderme, a sufrir, a levantarme mil veces, a ser feliz.

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