Project Description

Fotografía de Paula Gómez Viale

Carta 43

El final de un cicloNo puedo asegurar decir nunca más. He caído varias veces, muchas veces he sufrido, me sentido mal, humillada y me han machacado el autoestima. Pero he tomada medidas en situaciones concretas que me han hecho sentir bien. Alejarme silenciosamente de personas que envenenan el alma. Succionan mi energía como una aspiradora al máximo. Es dificil explicar esa sensación desvanecimiento. Me pasa lo mismos cuando estoy de visita o invitada a un lugar y presiento esa sensación de malas energías. Pero cuando te alejas de todo ese caos es una satisfacción formidable. El fin de un ciclo. La vida no está forjada de cosas maravillosas y finales felices como en las películas. El que viene a la vida viene a soportar buenos y malos momentos. He dicho nunca más en muchas ocasiones. ¿Quién sabe? Quizás ahora diga nunca me casare, nunca más me enamoraré, no olvidaré jamás el daño que me han causado o nunca más en la vida volverá ocurrir . No lo puedo a asegurar, tal vez cambie mi forma de pensar con el tiempo. ¡Seguiré viviendo! Sólo, no espero ingratitud de la vida. Esta reflexión la aprendí de una persona extraña que apareció y desapareció en unos minutos de mi vida. ¡Sí!, en unos minutos o segundos. Hace unos 25 años en el cementerio Católico. Estaba sola meditando frente a la sepultura de mi madre, de un soplo, escuche una voz que dijo nunca prometas nada que no vas cumplir y no digas nunca más. Era justamente lo que hacía. Me di vuelva a mirar. Era una mujer mayor robusta, canosa y de aspecto desgastado por la vida. No sentí miedo. En ese momento no analicé la situación, pero me leyó la mente. Le respondí ¿por qué? Ella me contestó, a los muertos no se les promete nada. Hay que ponerles una vela a los espíritus los lunes que merodean. Le pregunte que quién era. Su oficio era hereditario de padres, llevaba cuarenta años trabajando en el mantenimiento de sepulturas. En ese momento de la conversación me di vuelta, para arreglar unas rosas, en unos segundos volvi a mirar a la mujer. No estaba, así de simple se evaporó. Me puse a buscarla, no con miedo. Me fui al otro pasillo del mausoleo después al siguiente. No había nadie. Les pregunté a tres trabajadores de mantenimiento, si habían visto una la mujer con tales características. Me dijeron que no y siguieron conversando entre ellos.

lncrédula continúe mi camino, pero pensando que la encontraría en la salida del cementerio. Es un cementerio con pasillos subterráneos, catacumbas y sepultaciones de criptas con estatuas rimbombantes en actitudes de sufrimiento. No la hallé, desde ese entonces, he evitado comentar este episodio, que no tengo certeza absoluta si fue real.

No es malo decir nunca más a algo mientras que no haya rencor ni odio. Con el correr de los años, he aprendido que éi nunca más talvez sea un volver a empezar.

Si me dieran elegir entre nunca más, elegiría el país nunca jamás es una isla exótica donde las personas (las personas lo invente, son niños) viven sin ninguna regla ni responsabilidad, pasando así ia mayor parte dei tiempo divirtiéndose y viviendo aventuras. Le expresaría a Peter Pan y a la hada Campanilia mi deseo que no me liberaran. Se cierra un ciclo en el que he aprendido mucho y no me cierro a nada.

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