Project Description

Fotografía de Julia Lafée

Carta 59

Ese día me bajé del taxi, me despedí de él y al cerrar la puerta dije “nunca más”.

Con el dolor de mi corazón (porque sí, lo amaba), me juré a mí misma nunca más sufrir por ese hombre que a pesar de haberme ofrecido el mundo, de haberme encantado con sus lindas palabras, nunca demostró con sus actos que me amaba. Ese día mi corazón se cerró para él y con eso una parte de mí cambió para siempre.

Tenía mucha pena, porque sabía que no volvería a verlo nunca más, que nunca más iba a volver a tener esas largas y entretenidas conversaciones con él, que nunca más iba a volver a besarlo, abrazarlo. Pero por otro lado, estaba tremendamente aliviada y liberada. Me sentía orgullosa de mi misma, porque fui capaz de poner un límite y un freno a aquello que me estaba haciendo daño, que me hacía cuestionarme constantemente y pensar “¿qué es lo que he hecho mal?, ¿por qué no me quiere a pesar de todo lo que hago por él?, ¿por qué no me valora?

Ese día entendí que no iba a dejarla. Que él nunca me había amado y que tampoco tenía planes conmigo. Finalmente entendí que tampoco era culpa de él todo lo que me estaba pasando. Yo también había tenido la culpa al haber permitido esa situación.

Con esa decisión aprendí a conocerme un poco más, a tener más claro qué es lo que quiero en mi vida y lo más importante: aprendí a respetarme, valorarme y cuidarme.

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