Project Description

Fotografía de Ximena Biénzobas

Carta 67

He tenido varios “nunca más” en mi vida. Algunos pendientes aún, otros sólo intenciones, algunos definitivos y otros reincidentes.
Tenía unos 40 y tantos, más cerca de los 45 quizás, era una mujer atractiva, al menos así me sentía.
Llevaba ya sobre 15 años de matrimonio, no me referiré mayormente a éste, pero ciertamente no era bueno, ni cercano a lo que había imaginado el día que tomé la decisión de casarme.
Lo cierto es no era feliz en mi relación de pareja, más aún, sufría constantemente el no poder ser yo misma, me sentía muchas veces menospreciada, poco valorada, en ocasiones violentada sicológicamente y lo más relevante para esta historia, ¡sexualmente insatisfecha!
En esas circunstancias, esperables de cualquier escape que me hiciera reencontrarme y salvarme de la baja autoestima que empezaba a generar, apareció Jorge.
Nos conectamos en el gimnasio, era por sobretodo mi profesor. La conquista, dado su carácter de seductor, se produjo desde el primer día. Mientras mi estado físico prosperaba, la virilidad de su voz comenzaba a entrarme por todos los poros. Estaba casado igual que yo, pero a diferencia mía practicaba la seducción y el engaño con la excelencia de un maestro. Yo vulnerable y con ansias de pasión, me dejé seducir, pensando siempre que sabría poner freno en el momento propicio. ¿Cuál era ese momento? en mucho tiempo no llegué a descubrirlo.
Éramos muy distintos, sólo nuestra afición al deporte y ciertos gustos intelectuales, nos eran comunes. En la relación, siempre loca y a escondidas, primaba la pasión.
La vida se me había transformado en adrenalínica y romántica, sin embargo, no todo era placer y cosquilleos. La pasión extrema suele tener siempre otra cara de la moneda y tras su carácter de seductor comenzaron a aparecer facetas más oscuras. Había diferencias culturales inconfesables pero evidentes para ambos.
Yo más pisada en la tierra, siempre supe que no terminaría mis días con él, que sería pasajero, que sólo estaba alimentando mi parte disminuida, mi autoestima y sin reconocerlo en principio, mi pasión y mi sexualidad perdida.
Él sin embargo comenzó a exigir más, se proyectaba más allá de nuestros furtivos encuentros. Comenzaron los celos de su parte, las preguntas, la presión, la persecución. La locura de la pasión se transformó en la locura de la obsesión.
Fue en ese momento, cuando se evidenciaron aún más nuestras diferencias, cuándo sentí que un amante no podía hacerme sufrir, cuando me di cuenta que había pasado demasiado tiempo cuando finalmente logré valorar más mi bienestar individual, cuando me empoderé a punta de pasarlo mal, cuando me sorprendí a mí misma viviendo una relación que llegó a ser tóxica y atávica… que decidí que nunca más!

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